¿Qué cambiará en Brasil con la aprobación por la Cámara de Diputados el proyecto que legaliza los juegos de azar?
Los juegos en casinos fueron legalmente prohibidos en Brasil en la década de 1940, cuando el entonces presidente Eurico Gaspar Dutra emitió el Decreto Ley 9.215/46, sellando la operación de los llamados “juego de azar” en todo el país, que fuera autorizado en 1934, bajo la presidencia de Getúlio Vargas.
Este acto, defendido principalmente sobre la base de la moral religiosa de la Primera Dama de la época, dio lugar al desempleo de muchos brasileños, el cierre de empresas y la debilitación del turismo en el país. Según la historia, fue bajo esta influencia que Dutra utilizó su presidencialismo para iniciar la validez del Decreto Ley que prohibía la práctica y explotación de casinos en Brasil.
Sin embargo, esta falsa visión moralista impuesta por la familia del presidente condujo a la caída de los ingresos turísticos en Brasil y, en consecuencia, a la pérdida de puestos de trabajo de los brasileños.
Por si no fuera suficiente, tal prohibición también culminó en la caída de la recolección de impuestos, perjudicando a la Unión Federal, los Estados y los Municipios, que se viene manteniendo durante todas estas últimas siete décadas y media, porque la actividad clandestina de los casinos sigue existiendo desde entonces, como informan las operaciones policiales y la radiodifusión en los medios de comunicación. Hoy se lucha por cambiar la ley y conseguir que el juego sea legalizado.
Por 246 votos a favor y 202 en contra, el pleno de la Cámara Baja respaldó el denominado “texto base” que define las líneas maestras del proyecto, el cual aún debe ser analizado por el Senado.
Antes de que se remita a la Cámara Alta, los diputados tienen pendiente analizar una decena de sugerencias con posibles alteraciones a la propuesta original.
Los juegos de azar están prohibidos en Brasil desde 1946, a partir de un decreto del entonces presidente Eurico Gaspar Dutra, que los consideró una práctica contraria a la “tradición moral, jurídica y religiosa del pueblo brasileño”.
El Parlamento discute desde hace años el asunto, que este miércoles fue objeto de un intenso debate entre los diputados.
Aquellos que se muestran favorables defienden que los juegos de azar ya se dan en la esfera ilegal y que su regularización supondría un incremento del turismo, el empleo y la recaudación de impuestos.
Por el contrario, los legisladores detractores, sobre todo aquellos vinculados a bancadas religiosas, los consideran una fuente de “vicios” y de “blanqueo de capitales”.
Bolsonaro ya manifestó su rechazo al proyecto de ley y recordó que, si supera todos los trámites, debe vetarlo, aunque en ese extremo el Congreso puede llegar a derribar su veto, según remarcó en una entrevista a una radio local el mes pasado.
“Los juegos de azar no son bienvenidos en Brasil”, sentenció entonces el líder ultraderechista.
Según el texto aprobado, los casinos sólo podrán ser construidos dentro de complejos turísticos, que tendrán que tener, como mínimo 100 cuartos de hotel, salas de reuniones y eventos, restaurantes, bares y centros de compras.
También habrá un número limitado en función de la población de cada estado brasileño.
En este sentido, podrán instalarse un máximo de tres casinos cuando se superen los 25 millones de habitantes en un estado, escenario en el que apenas se encuentra Sao Paulo, el motor económico del país.
En los estados con entre 15 y 25 millones de habitantes, caso de Minas Gerais y Río de Janeiro, podrá haber dos; y por debajo de 15, sólo podrá montarse uno.
No obstante, en ciudades consideradas como polos turísticos, se permitirá la instalación de un casino, independientemente de la densidad poblacional.
Los bingos también se liberan, pero con una serie de condiciones, entre ellas que sólo se permitirá el registro de una casa de bingo por cada 150.000 habitantes, de acuerdo con el texto.




